Las mejores lecturas de 2025 de los directores de La Tenada

Acaba de finalizar 2025, el año en el que se fundó esta revista. Si algo hemos aprendido a lo largo de estos meses incipientes es que, para tener la consideración de publicación cultural seria y consolidada, es necesario realizar algún tipo de recopilación al final del año. Por esa razón, los directores de La Tenada hemos compilado las lecturas del curso saliente que consideramos más fecundas. Aprovechamos para desearos un muy feliz 2026.


  1. También esto pasará. Milena Busquets. [Anagrama, 2014. 176 páginas].

Ha sido un libro que, incluso después de terminarlo, me ha acompañado este verano. La novela sigue a Blanca, su protagonista, durante un verano en Cadaqués en el que intenta, a ratos procesar y a ratos aliviar síntomas del duelo por la reciente muerte de su madre.

Una novela corta, triste y divertida, de gran profundidad y a la vez escrita haciendo de la liviandad un estilo, con la que volverse fan absoluto de Milena Busquets como autora y como persona.

2. Tengo miedo torero. Pedro Lemebel. [Las Afueras, 2021. 208 páginas.]


Es increíble que se pueda tejer un retal tan intrincado y bello empleando solamente el lenguaje y enmarcando la historia en un contexto tan sórdido.

Santiago de Chile, años 80, dos historias paralelas: la vida de un joven conspirador anti Pinochet en el momento más tenso de la persecución política del régimen, y que trama un atentado contra el dictador (basado en una historia real); y un joven, el mismo, que vive una extraña relación con la Loca del Frente, un homosexual a la vez estrambótico y sumamente humano, que vive en su propio mundo de coplillas populares y manteles bordados.

Un libro raro, genial, alucinante y alucinado, oral y barroco, quizá un poco arduo si no se está familiarizado con ciertas particularidades del lenguaje oral chileno, pero en todos los casos, una obra de arte como la copa de una araucaria.

3. Viaje al Pirineo de Lérida. Camilo José Cela. [Noguer, 1974. 249 páginas].

 

Todo libro que tenga mapa tiene ya a priori mi interés. Este tiene uno dibujado por la pluma de Cela, y lo tengo señalado con una hoja de una rama de lúpulo que cogí en Salardú, en el valle de Arán, los días que leía este libro. Los libros de viajes dan al escritor un perfecto formato para plasmar impresiones y contar breves historias, y en esto Cela destaca como uno de los pocos escritores españoles que han pateado los caminos, abrevado en las fondas y reposado en las posadas de nuestra agreste geografía.

Leerlo en el propio pirineo fue genial. El “viajero”, como Cela se refiere a sí mismo en sus libros de viajes, anduvo los caminos del pallars Sobirá, el valle de Arán, el valle de Boí y la alta Ribagorza en el verano de 1963, y recuerdo genial el cerrar cada poco el libro para buscar en google maps las pistas de los pasos de montaña que menciona, los pueblos por los que pasa que no conozco, o incluso el sorprenderme con que haya lugares que menciona como abandonados y que hoy estén recuperados, como el caso de la Borda Lobato, en Baqueira.

Un fragmentillo, abriendo el libro al azar:

“El huésped de la caridad recuerda haber visto, en un café de la Rioja, un letrero que era toda una declaración de principios: Se prohíbe escupir en las paredes. En Francia, la gente no se reconforta con bicarbonato ni escupe (o escupe menos) y no se monda las caries: las empastan. Esto de la dialectología y las tradiciones populares fue siempre disciplina imprecisa y de muy borrosos contornos.

La Aldonza estaba bien, un poco gorda pero bien; se conoce que la sosegada vida francesa le probaba, porque lucía lustrosa y de buen año.

— ¿Y tú qué haces ahora?

— Pues nada, ya ves. A veces, escribo algo y lo publico donde puedo.

La Aldonza hablaba un francés con acento manchego, muy eufónico y añorante.”

Cela…

4. Irse de casa. Carmen Martín Gaite. [Anagrama, 1998. 352 páginas].

Este 2025 se cumplió el centenario del nacimiento de Carmen Martín Gaite, y ha estado, con toda la razón del mundo, muy presente en todos los medios culturales. Recordaba haber leído Entre visillos hace tiempo, pero no tenía a la autora tan presente, y tras escuchar alguna entrevista grabada suya (disponibles en Youtube), o su discurso a un joven Felipe VI en los premios Príncipe de Asturias, me lancé a intentar leer todo lo que consiguiera de esa señora, la persona con el hablar más elegante que recuerdo. Empecé con lo que pillé por casa, y me llevé a un viaje Irse de casa.

 

Una adinerada modista, originaria de una pequeña capital de provincia pero actualmente afincada en Nueva York, vuelve, sin confesárselo a nadie, cuarenta años después, a la ciudad de la que se marchó a los veintipocos. Una serie de escenas que van conectando piezas conforme la novela avanza van, poco a poco, abriendo el plano para mostrar una trama genial, complejísima y sostenida sobre cosas que parecían detalles sin importancia. 

Corrí a Iberlibro a comprarme todo lo que encontré de la autora, y en esas estoy…

5. H de halcón. Helen Macdonald. Traducido por Joan Eloi Roca. [Ático de los Libros, 2018. 341 páginas].

Mis amigos se meten conmigo, dicen que leo cosas raras. No entiendo. H de halcón es la crónica de cómo la autora superó la muerte de su padre entrenando un azor para la caza de cetrería.

Los ingleses tienen en todas sus librerías una sección de “literatura de naturaleza”; debido al carácter del español promedio, (no entraré en teorías especulativas, que las tengo), este género no ha llegado a enraizar en la literatura hispana. En el libro, la autora achaca su obsesión a un canon de escritores de naturaleza como J. A. Baker, que pasó diez inviernos siguiendo día a día a un halcón peregrino que hibernaba cerca de su casa, en la costa de Essex (The Peregrine, 1967), o a T. H. White, precursor directo de la autora, profesor de literatura en un colegio al que se le fue la pinza y decidió entrenar un azor sin saber cómo hacerlo, para probar su valía y su poder de dominación sobre su propia naturaleza salvaje (The Goshawk, 1951).

El pasar tiempo en el campo, el temer a un animal que tienes por voluntad propia y que depende exclusivamente de ti, y te sigue por alguna misteriosa alianza, que la autora sabe que puede quebrarse en el momento en el que el pájaro se dé cuenta y decida escapar, el poco a poco dejar al ave volar más alto, más lejos, dejar ir… todo es a la vez enrevesado pero evidente, confuso pero balsámico para la autora, y el resultado es un libro bellísimo sobre el duelo y la naturaleza humana.

Y si no os fiáis solo de mi criterio, el libro ha sido muy premiado internacionalmente y entró en las listas de Best sellers del New York Times. Alguien me dará las gracias.


  1. El balcón en invierno, Luis Landero. [Tusquets, 2014. 245 páginas]

Su lectura me ha resultado deliciosa. Tanto, que lo mencioné en el artículo inaugural de la revista. Landero narra en paralelo su infancia en su pueblo de Extremadura, su adolescencia en el madrileño barrio de Prosperidad y el descubrimiento de su vocación literaria. Destacaría su sensibilidad, tanto en sus apreciaciones como en las palabras escogidas para plasmarlas. Se dio a conocer con Juegos de la edad tardía. A ver si cae en 2026, no será por falta de ganas.

2. Tolstoi, Henri Troyat. [Bruguera, 1984. Aproximadamente 900 páginas]

Tolstoi es uno de mis autores predilectos, si no el que más. Guerra y paz y Ana Karenina son cumbres de la literatura universal, e Infancia, adolescencia y juventud es una debilidad personal.

No encontré mejor forma para documentarme para un artículo que escribí para Revista de Libros que esta biografía. A pesar de su extensión, transcurre con amenidad. Valoro especialmente que, a mi juicio, la admiración del biógrafo por Tolstoi no le impide hacer un retrato ecuánime.

He puesto un número de páginas aproximado porque la edición de Bruguera se divide en tres tomos. Como ya hice en Revista de Libros (que, por cierto, vuelve al papel), aprovecho este espacio para reclamar la reedición de esta obra en España.

3. Helena o el mar del verano, Julián Ayesta [Acantilado, 2024. 87 páginas]

El libro perfecto para leer al comienzo de las vacaciones estivales. Delicado, poético y lírico. También breve, detalle nada desdeñable. Consiste en el relato de dos veranos en Asturias, intercalados por un invierno, de un muchacho que abandona la infancia y se adentra en la adolescencia. Para quien quiera más detalles, os recuerdo que le dedicamos uno de los cuatro episodios de nuestro fenecido podcast

4. El gran Gatsby, F. Scott Fitzgerald [Alma classics, 2012. 180 páginas]

No creo que con este libro le esté descubriendo nada a nadie, y menos cuando acaba de celebrarse su centenario. Lo leí en inglés en un ejemplar que me compré en la parisina Shakespeare and Co. Me gustó por el carisma de Gatsby, por la profundidad de los personajes y por lo que significa para el imaginario colectivo americano. La efeméride supuso la proliferación de contenido de análisis (podcast, artículos, etc.), que yo consumí nada más terminar la obra, algo que enriqueció considerablemente mi experiencia. Eso sí, intenté ver la peli de Leonardo Di Caprio y Tobey Maguire y no fui capaz.

5. El llano en llamas, Juan Rulfo [Cátedra, 2016. 150 páginas]

A esta obra me llevó, primero, la buena experiencia con Pedro Páramo (primera obra comentada en el podcast) y, segundo, una reciente inclinación hacia el género del cuento, con la idea de escribir alguno aquí con algo de fundamento, algo que terminó sucediendo (publicar el cuento, lo del fundamento no está tan claro).

Probé con varios autores (Flannery O’ Connor, Chejov, Tolstoi, Fitzgerald, Cortázar) y Rulfo, con su estilo directo y eficaz, fue el que más me llamó la atención. Sus historias, en las que la violencia es protagonista, tienen magnetismo. Mi intención es profundizar en la narrativa hispanoamericana a lo largo de 2026. En un año os rendiré cuentas.