La uruguaya de Pedro Mairal: qué debemos esperar

En un artículo sobre librerías que publiqué hace ya casi un año, expuse que siento un ligero recelo hacia lo que está de moda. Como si de manera colectiva se abandonase la racionalidad y se adoptasen decisiones que en otro momento se descartarían. Por eso, prefiero leer los libros que han tenido éxito cuando ya han transcurrido unos cuantos años desde su aparición. Primero, para asegurarme de que siguen suscitando mi interés. Segundo, para recordar a quien me lea de su existencia, en caso de que esta no merezca caer en el olvido.

Así sucede con La uruguaya, de Pedro Mairal, que, si mis fuentes son correctas, se publicó en Argentina en 2016 y en España un año después. Esta es su cuarta novela, tras Una noche con Sabrina Love (1998), premio Clarín de novela, El año del desierto (2005) y Salvatierra (2008). Es decir, se trata de una obra que apareció una década después de la precedente y que ha antecedido prácticamente en el mismo tiempo a su última publicación: Los nuevos (2025). No es Pedro Mairal un escritor con incontinencia verbal, cosa que le agradecemos todos aquellos a los que no nos sobra el tiempo.

La uruguaya fue un éxito inmediato: ha vendido miles de ejemplares, fue galardonada con el premio Tigre Juan y ha sido traducida a varios idiomas.

La razón principal por la que consideré este libro, además de su moderada extensión (de unas 150 páginas), fue mi próximo viaje a Argentina. Me apetecía una inmersión tanto en la literatura argentina (de la que he leído lo más estrictamente esencial: Borges, Cortázar y Sábato) como en la ciudad de Buenos Aires.

Este último propósito no lo logré del todo porque la mayor parte de las escenas que transcurren en exteriores se localizan en Uruguay, mientras que el lado argentino de la historia es el de la introspección.

La trama consiste en la crisis vital de un hombre; concretamente, en el día en que su vida, tal y como la había concebido, termina de desmoronarse. Lucas Pereyra es un escritor de mediana edad que ha incumplido las diferentes expectativas que se había marcado en la vida, sin llegar a ser un fracaso absoluto. Le salen trabajos vinculados a su escritura que no terminan de despegar, está casado con una doctora (de la que depende económicamente) en un matrimonio prácticamente roto y su hijo le parece una fuente de molestia más que de ternura.

En un evento literario, conoce a Guerra, una uruguaya hippie unos cuantos años más joven que él, con la que rápidamente comienza a flirtear (con éxito). Ambos se han visto en dos ocasiones antes del momento en el que se desarrolla la novela: a Lucas le han pagado el anticipo de dos libros y, debido al cepo cambiario en Argentina, viaja a Montevideo a recoger el dinero en efectivo. Allí aprovechará para coincidir con Guerra.

La narración se estructura en capítulos breves que transcurren con gran fluidez, debido a los saltos temporales de la historia (en los que se intercalan en la narración principal recuerdos sobre el pasado que lentamente van dotando de contexto) y al estilo sencillo, directo y lírico. Según ha precisado el propio autor, ese estilo es tributario en gran parte de los artículos que publicó durante los años inmediatamente anteriores.

Ello no quiere decir, no obstante, que no se aborden asuntos complejos: con la crisis económica de fondo, se trata la crisis de los 40 y se cuestiona el matrimonio tradicional como institución adecuada para las sociedades modernas.

Un detalle que destacable es la evolución de la percepción que el lector tiene del protagonista. Al principio es un tipo al que las cosas no le van demasiado bien. Pero no sabemos si posee un genio literario que está por descubrir y va camino de vivir una aventura excitante y prohibida. En esa fase del relato, todavía es susceptible de ser un maldito o un hombre interesante por vías poco convencionales. Sin embargo, a medida que avanza la narración constatas que realmente te encuentras ante un individuo más bien ridículo y que el único sentimiento que despierta es el de la pena y la conmiseración. A mi juicio, más que el episodio central de la playa, el instante en el que capté ese giro fue cuando, en el local de tatuajes, coincidieron el mensaje de su mujer, la llamada grave de Guerra y la incipiente disipación de los efectos del alcohol. 

A pesar de ello, la conclusión no es de derrota total, sino de una rebaja de expectativas. El protagonista se había propuesto objetivos demasiado ambiciosos y su paz mental solo requería de un reajuste “Si no podés con la vida, probá con la vidita”. A veces para ser feliz solo tienes que esperar un poco menos.

La creación de personajes reales, el planteamiento de ideas interesantes y la ligereza de la lectura hacen de La uruguaya una grandísima novela. Tiene la virtud, propia de las obras de calidad, de que todo en ella parece fácil, encaja. Las páginas se pasan con ritmo y de forma grata, que creo que es lo mejor que puede decirse de un libro.

Con sus matices, me ha recordado a Los días perfectos (Jacobo Bergareche, 2021). Dentro de unos cuantos años, le daré una oportunidad a Los nuevos.