Cumplimos un año

Jaime Oliveira y Alfonos Gomá

La Tenada cumple un año. Su primer año. Bueno, realmente no. Nuestro primer aniversario se producirá a principios de junio. Sin embargo, nuestra periodicidad mensual nos permite asegurar que, con este número de mayo, el duodécimo, la revista dará una vuelta completa al Sol. Nos ha parecido la ocasión propicia para hacer balance.

El germen del proyecto fue montar un podcast a partir de un “club de lectura”. Como si no hubiese suficientes podcasts y clubes de lectura. La dinámica consistía en acordar un libro, reunirnos un mes después cuatro amigos aficionados a la literatura (Ale, Antonio, Jaime y Alfonso), comentarlo delante de los micrófonos, decidir el siguiente y volver a emplazarnos. Sin pretensiones, por pasarlo bien.

Pronto nos dimos cuenta de que aquello se quedaba en poco; queríamos algo más allá, que nos permitiese abordar una mayor variedad de temas desde perspectivas distintas. La respuesta era clara: una revista digital.

En el Collins, entre pintas, elegimos el nombre. Como explicamos en el artículo de portada inaugural, nos llamamos La Tenada porque es el refugio al que acude el pastor tras finalizar su jornada de trabajo, el momento en el que termina el negocio y empieza el ocio: tras cumplir con nuestras obligaciones profesionales, por fin podemos volver a la cultura. Además, la figura del pastor ha tenido a lo largo de los siglos un innegable lirismo.

Ese es el signo distintivo de la revista: está hecha por gente con inquietudes que no se dedica a la cultura, al tiempo que no se dirige necesariamente a gente que ya forma parte del mundo cultural. Al contrario, sus colaboradores son abogados, médicos, consultores, ingenieros, etc., que han cultivado durante años, muchas veces de forma silenciosa, su afición por la literatura, el arte, la música, el cine o la historia. Para esa gente, repleta de cosas que contar y huérfana de una plataforma adecuada para darles salida, nació La Tenada.

Al núcleo originario rápidamente se sumaron Carmela, nuestra portadista, y Aitana, encargada de redes. Poco a poco ha ido creciendo la nómina de colaboradores, la mayoría a través de amigos y conocidos, aunque ya se han puesto en contacto con nosotros, a través del correo, varias personas desconocidas a las que esperamos publicar en breve. Para los que preguntáis, no solo se permite enviar textos, sino que os animamos a hacerlo. Eso sí, somos un grupo de amigos que hace lo que puede, entre lo que, por ahora, no se encuentra pagar las colaboraciones. Todos los aquí presentes estamos por amor al arte. Ojalá en un futuro deje de ser así.

La edición y llevanza de la revista nos ha dado algunos quebraderos de cabeza (especialmente, un par de portadas que no estaban listas hasta el día anterior al lanzamiento) y exige esfuerzos cuando, tras una intensa jornada laboral, las fuerzas no abundan: editar un texto recién llegado y devolverlo con cambios, colgar en redes la publicación correspondiente, el maquetado de la web… Pero merece la pena, por tres razones principales.

Primero, porque compromete con la escritura. En una vida en la que el tiempo libre escasea, nos dimos cuenta de que con frecuencia relegábamos la cultura al último lugar, frente a las obligaciones “reales”. Ahora, en cambio, hemos conseguido que nuestros artículos se inserten entre los quehaceres “de verdad” y que dedicarles tiempo deje de ser un mero pasatiempo al que se superpone cualquier otro compromiso.

Segundo, porque te pone en la piel del editor. Siempre molesta que, como autor, un tercero altere tu obra. “¿Quién se creerá este, que me impone cambios que no tienen ningún sentido?”, murmuramos cuando nos modifican una coma o una palabra por su sinónimo. Pues bien, ahora nosotros somos los que introducimos esos ajustes sin sentido, al tiempo que hacemos encargos, dialogamos con los autores sobre el enfoque y muchas cosas más que no consisten en la creación de la propia obra, pero que enriquecen la visión de la escritura.

Por último, por la gestión de las personas. Al final, los integrantes de la revista no dejamos de ser una pequeña organización, con sus limitados recursos que hay que saber optimizar. Quién se puede encargar de qué, qué asuntos podemos anticipar para ir más tranquilos, por qué hay artículos tan buenos que lee poca gente, qué podemos hacer para darnos a conocer, cómo diseñamos la estrategia de crecimiento. 

Pero todo con la idea que lo hacemos porque queremos, no aspiramos a vivir de esto (aunque no estaría mal que dejase de costarnos dinero). Lo que no quita que nos encantaría en algún momento poder dedicarle el tiempo que se merece: poder escribir más, retomar el podcast (interrumpido al poco de nacer), acudir a eventos, montar los nuestros, sacar un número físico (quizás esto no esté tan lejos).

Mientras tanto, muchas gracias a todos los que leéis La Tenada. Si os gusta os agradecemos que compartáis (como veis, después de un año hemos perdido la vergüenza de pedir).