Éramos unos niños: Vivir por y para el arte

Éramos unos niños, Patti Smith (Debolsillo, 2015)

Patti Smith —recientemente galardonada con el premio Princesa de Asturias de las Artes— nunca soñó con ser cantante y paradójicamente es actualmente una de las grandes estrellas del rock, apodada como la madrina del punk. Fue su amigo y amante, el fotógrafo Robert Mapplethorpe, el primero en vislumbrar su potencial y es a él a quien dedica su libro Éramos unos niños. Ambos nacieron un lunes de 1946, era también lunes el día que Patti se topó con Robert por primera vez. Sus vidas se cruzaron deambulando por las calles de Nueva York el verano de 1967; ninguno tenía dinero ni un techo donde dormir. Sin embargo, compartían un mismo propósito: vivir por y para el arte, lo que hizo que desde ese momento se volvieran inseparables. 

Fue el verano en que murió Coltrane. El verano de «Crystal Ship». Los hippies alzaron sus brazos vacíos y China hizo detonar la bomba de hidrógeno. Jimi Hendrix prendió fuego a su guitarra en Monterrey. AM radio retransmitió «Ode to Billie Joe». Hubo disturbios en Newark, Milwaukee y Detroit. Fue el verano de la película Elvira Madigan, el verano del amor. Y en aquel clima cambiante e inhóspito, un encuentro casual cambió el curso de mi vida. Fue el verano en que conocí a Robert Mapplethorpe.

Es ese frenético Nueva York, el de finales de los sesenta y la década de los setenta, el que retrata Éramos unos niños. Smith narra los acontecimientos históricos que marcaron esos años, la relación que tuvo con Robert y su evolución artística. Dedicaban sus días a pintar y para pagarse el alquiler trabajaban de forma temporal en bares, almacenes, librerías… Hubo épocas en las que se alimentaban a base de pan duro y latas de conserva. No tenían dinero para ir a ninguna parte, lo que les hacía resistir era la firme convicción de que lo que producían era bueno e influiría en quienes lo contemplaran. Se entregaron en cuerpo y alma a crear, explorando diferentes estilos y disciplinas; a su vez, era en lo que otros habían creado y en el amor que se profesaban mutuamente donde hallaban consuelo para hacer frente a las duras condiciones en las que vivían. Incluso después de que Robert declarara que era homosexual permanecieron unidos, su vínculo evolucionó hacia una amistad que perduró a lo largo del tiempo.

Durante una temporada se alojaron en el icónico Hotel Chelsea, al enterarse de que podrían conseguir una habitación a cambio de arte; sus paredes albergaban numerosas anécdotas de artistas que también fueron a parar allí. Se decía, por ejemplo, que Bob Dylan había compuesto “Sad-Eyed Lady of the Lowlands” en la planta en la que ellos vivían. Frecuentaron El Quixote, bar donde se codearon con Janis Joplin, los componentes de Jefferson Airplane o Jimi Hendrix; también el Max´s, en el que un día reinó Andy Warhol y donde aún permanecía el eco de sus pasos, que siguieron aquellos que llegaron después.

Pero Éramos unos niños no solamente inmortaliza el apogeo de la contracultura neoyorquina, también describe las sombras que marcaron durante esos años a la ciudad que nunca duerme. Las drogas y el VIH hicieron mella en numerosos artistas de esa generación; entre ellos Robert, que falleció a causa de esta enfermedad. En su lecho de muerte le pidió a Patti que contara su historia, la de la época en la que tan solo eran unos niños, desconocidos para el resto del mundo.

Así nació el libro, al que llegué a través de una entrevista que Dua Lipa le hizo a Smith. Esta última cuenta que a Robert no le gustaba leer, por eso decidió describir las escenas tal y como iban apareciendo en su cabeza, como si se tratara de una película. Con ello buscaba que las personas que no leen de forma habitual pudieran igualmente sentirse atraídas por el libro. También revela que le llevó diez años escribirlo y nos anima a todos a luchar por las cosas que nos llenan, a continuar con ese poema, con ese álbum o con esa película. Ese fue el mayor regalo que le hizo Robert: le enseñó a tener una ética de trabajo y a no disculparse nunca por ser ella misma. Cuando todavía hoy a Patti le nacen inseguridades, es capaz de escuchar de nuevo la voz de Robert y al acordarse de él, de su inquebrantable confianza, logra recuperar su valor.

Querido Robert: Tú me sacaste del período más aciago de mi joven vida y compartiste conmigo el sagrado misterio de lo que es ser artista. Aprendí a ver a través de ti y jamás he compuesto un verso ni he dibujado una curva que no provenga de los conocimientos que obtuve en nuestra preciada vida juntos (…).

1.Dua Lipa in Conversation With Patti Smith, Author of Just Kids – Service 95 Book Club With Dua Lipa