Las muchas caras de Ulises

Bajo un carnero y ante una hechicera: dos imágenes para volver a la Odisea

Acaba el verano y después de recorrer islas griegas, pasear por el Museo Arqueológico Nacional de Atenas y releer a Homero, me da la impresión de que Ulises sigue habitando en Grecia. No en un lugar concreto, sino en cada isla con el mar del oscuro color del vino, la Aurora de rosados dedos y las cuevas misteriosas.

Hace casi tres mil años nació en los versos de la Odisea un héroe que iba más allá del guerrero invencible. Sus aventuras han seguido circulando y adaptándose a los tiempos, desde el Ulises de James Joyce hasta el cine de Umberto Pasolini o Christopher Nolan. Hoy, buscando su rastro, vuelvo a los originales que continúan tan vivos: algunas cerámicas de figuras negras y el poema recitado. Ambos convivían en la vida cotidiana de la Grecia antigua.

Comenzamos con el episodio más inesperado.

¿UN HÉROE ESCONDIDO BAJO UN CARNERO?

Ulises escapando de Polifemo, jarra de vino de figuras negras, c. 500 a. C., British Museum.

Un gran carnero avanza hacia lo que parece la salida de una cueva. Debajo de su vientre, un hombre se aferra con fuerza para no caer. Frente a él, un gigante desnudo y ciego alarga el brazo tratando de descubrir si alguien escapa. Aunque se acerca mucho, no llegan a tocarse. ¿Es posible que se trate del episodio en el que Ulises y sus hombres escapan de la cueva del cíclope Polifemo después de dejarlo ciego con su cayado?

El pintor no representa el momento heroico en que hieren al cíclope ni el de la huida consumada. Prefiere detenerse en ese instante de incertidumbre en el que una mano busca y la otra se aferra al carnero. Releyendo los versos, entendemos cómo Ulises va preparando esta huida. Llegan a la isla de los cíclopes y entran en la cueva vacía por curiosidad. Polifemo vuelve con su rebaño y cierra la entrada con una roca enorme. Ulises trata de convencerle para que les brinde su hospitalidad, pero el gigante se come a dos marineros. Le ofrece el vino que han traído del barco y lo va emborrachando, dándole conversación "con toda educación".

Así llega uno de los grandes juegos de palabras de la literatura. El cíclope le pregunta su nombre y Ulises contesta:
"Te lo revelaré; y entonces tú debes darme el regalo de tu hospitalidad que antes me prometiste. Me llamo “Nadie”."

Polifemo no accede, pero se queda dormido por el vino y aprovechan la ocasión para afilar y clavarle su bastón en el único ojo. Al rugir de dolor, acuden los demás cíclopes de la isla y le preguntan si alguien está tratando de hacerle daño. Su respuesta:
"¡Amigos! “Nadie” me está matando con engaños, no fuerza".

Entonces los cíclopes se marchan y Ulises ríe por el efecto de su maniobra. La mañana siguiente, cuando Polifemo abre la salida para sacar a su ganado por fin consiguen escapar. En ese momento, escuchemos el monólogo de Polifemo con el gran carnero bajo el que se encuentra Ulises:
“Dulce carnero, ¿por qué eres hoy el último en salir de la cueva? (...) Te da pena el ojo de tu dueño; ese malvado me emborrachó y me dejó ciego. ¡”Nadie” no escapará! Si tan sólo pudieras hablarme y decirme dónde se esconde del miedo que le doy. “

Si miramos de nuevo el objeto, nos damos cuenta de que no nació para contemplarse en la vitrina de un museo. La jarra de vino (oinochoe) iba animando el ambiente, de mano en mano, los esclavos iban sirviendo el vino mezclado con agua durante los banquetes. Cada vez que una copa se llenaba, reaparecía Ulises escondido bajo el carnero. Es difícil no imaginar que algún orador o cantor inspirado volviera a contar el episodio y de este modo el relato volviera a circular entre los invitados igual que el vino.

LA VARITA DE LA HECHICERA

Ulises y Circe, c. 490 a. C., Lékythos ática de figuras negras, Museo Arqueológico Nacional de Atenas.

La Odisea sorprende porque Ulises nunca responde dos veces de la misma manera. Frente al cíclope vimos cómo se hace pequeño y desaparece bajo el carnero. Ante Circe ocurre justo lo contrario, sale al encuentro de la diosa-hechicera en su palacio.

Vemos a Circe con una copa y una varita con la que va a tocar a Ulises mientras él extiende las dos manos. Un personaje con dos cabezas de cerdo y cuerpo humano está arrodillado entre ambos. Es uno de los marineros de Ulises que ha sido transformado poco antes, pero ya no puede avisarle al no hablar. Todo parece indicar que nuestro héroe será el siguiente.

Miremos la cerámica, como con Polifemo, el pintor prefiere dejarnos en el instante en que cualquier cosa puede ocurrir. El desenlace depende de un brebaje que no ha hecho efecto y de una varita que está a punto de tocar a Ulises. Todavía no sabemos que no caerá bajo el hechizo, ya que el dios Hermes le ha dado una planta protectora. Después de beber y cuando Circe le toca con su varita, Ulises saca su espada y ella, asustada y profundamente sorprendida, dice:

“¿Quién eres? (...) Me asombra que bebieras mi poción y no surtiera efecto. Ningún hombre que la ha probado ha podido resistir el encantamiento. Pero tú eres diferente. Debes de ser Ulises, el hombre capaz de adaptarse a cualquier situación (...) Ahora, deja la espada y ven a la cama conmigo. Unidos por el amor podremos confiar el uno en el otro.”

Poco después averiguamos cómo la estancia en la isla se prolonga:

"Durante un año, cada día festejamos con carne y dulce vino."

Sorprende que no sean ni Ulises ni Circe los que ponen fin a esa vida de ensueño sino sus hombres que le suplican volver a Ítaca. A veces proyectamos sobre Ulises una concepción moderna de la fidelidad conyugal que no corresponde con los griegos. Circe, como aliada, les indicará el camino y el episodio acaba sin vencedores ni vencidos.

TODOS SON ULISES

 

Bajo un carnero o ante una hechicera, Ulises nos muestra dos de sus muchas caras sin que ninguna contradiga a las otras y por ello nos sigue resultando tan cercano. Homero no imaginó un héroe perfecto ni un guerrero invencible. Los griegos tenían una palabra para esa inteligencia práctica, flexible, astuta y siempre cambiante: “métis”. Pensar también es esconderse, esperar o pactar para encontrar una salida cuando las reglas habituales no sirven.

 

Quizá por eso, cada vez que una nueva novela, una película o una serie vuelve a imaginar a Ulises, siento la necesidad de regresar a la Odisea. Allí sigue esperándonos el héroe, el embaucador, el amante y el hombre que tuvo el ingenio de decir llamarse "Nadie". Ninguna versión consigue contenerlo por completo.

 

 

*NOTA: Todas las citas de La Odísea son traducidas por la autora de:
Homer, The Oddyssey, translated by Emily Wilson (New York: W. W. Norton, 2017).