La peculiar familia en la que nacieron y crecieron Virginia Woolf y su hermana Vanessa Bell

La configuración de la familia en la que nacemos es uno de los aspectos de nuestra vida que más marcan nuestra existencia, desde muy distintos puntos de vista.

En el caso de la familia de Vanessa y Virginia, la composición de la suya tiene, además, algunas peculiaridades que no podemos pasar por alto si queremos conocer mejor a estas dos mujeres excepcionales.

Por esta razón, retrocederemos en este artículo al origen mismo de su núcleo familiar. Hablaremos de nuevo de los padres de Virginia y Vanessa, Julia y Leslie. En particular, nos remontaremos al momento en que este último contrajo matrimonio con Harriet Marian, la hija menor del célebre novelista William Makepeace Thackeray. Efectivamente, Leslie estuvo primero casado con esta mujer a quien él mismo describió como “ni muy bella ni muy inteligente, dulce y simple”. Sin embargo, este retrato no parece corresponderse del todo con la realidad ya que, como puntualiza el hijo de Vanessa Bell y biógrafo de Virginia Woolf, Quentin Bell, una lectura de sus cartas pone en evidencia que no le faltaba ni carácter ni sentido del humor y tampoco curiosidad intelectual. Minny, como así la llamaban, estaba íntimamente unida a su hermana Anny, una mujer exuberante y excesiva que escribía novelas y a la que Minny admiraba profundamente. Aunque a Leslie le exasperaba en ocasiones el carácter abrumador de Anny y le rechinaba el hecho de que realmente fueran tres en el matrimonio, puede sin embargo afirmarse, como lo hace lo hace Quentin Bell, que fueron felices juntos.

De este primer matrimonio con Minny nació una niña, Laura. Cinco años más tarde, en 1875, Minny tuvo un segundo embarazo. Encontrándose aún en estado, un 27 de noviembre de ese mismo año, y tras haber recibido la visita de su amiga, la viuda Mrs. Duckworth, Minny se acostó indispuesta. Tras una larga y difícil noche, murió inesperadamente al mediodía del 28 de noviembre, fecha en la que Leslie cumplía cuarenta y tres años. Aquella desgracia lo sumió en la más profunda desolación. A su inconsolable dolor se le unió la constatación de que la hija de ambos, Laura, que ya no era un bebé, tenía serios problemas. Era patente que se trataba de algo muy grave que iba más allá de un retraso. Las difíciles escenas domésticas que se sucedieron pusieron en evidencia que iba a necesitar un tratamiento especial.

En estas circunstancias, Laura y la extraña y afligida pareja formada por Leslie y su cuñada Anny, entre quienes cada día surgían nuevas y más ásperas desavenencias, continuaron recibiendo la visita de la joven viuda, amiga de las Thackeray, Mrs. Duckworth. Ella, que también sufría por la pérdida de su amiga, trataba además de mediar entre los dos. Y es que esa joven y bella viuda, de nombre Julia, se convirtió en un gran consuelo para ambos, especialmente para Leslie, y no sólo por su amistad con Minny sino porque ella también atravesaba por un duro duelo tras la muerte de su marido, el apuesto abogado Herbert Duckworth, con quien fue plenamente feliz. De ese perfecto y de por vida idealizado matrimonio habían nacido tres hijos: George, Stella y Gerald.

Leslie y Julia compartían el dolor por la muerte de sus respectivos cónyuges y una misma desesperanza ante el futuro. De esta complicidad y sintonía fue naciendo entre ellos una amistad íntima que terminó desembocando en el enamoramiento de Leslie, quien comenzó a albergar la ilusión de una felicidad nueva junto a Julia. Ella, tras un dulce rechazo, así califica Quentin Bell esta primera reacción, cedió finalmente ante la posibilidad de un cambio de vida en el que quizás encontrara algo de dicha.

Leslie Stephen y Julia Duckworth contrajeron matrimonio en 1878. Las dos familias, con sus respectivos hijos se instalaron en el número 22 de Hyde Park Gate, al sur de los jardines de Kensington, en Londres. Laura, la hija de Leslie, contaba ya con ocho años de edad. George tenía diez, Stella nueve y Gerald siete. Leslie tenía cuarenta y cinco años y Julia treinta y dos. 

Se unían un hombre y una mujer, cada uno con su propia descendencia, entre los que existía, además, una pronunciada diferencia de edad. Procedían, también, de familias y tradiciones muy distintas: mientras que los Stephen fueron en su mayoría audaces, trabajadores, juiciosos, literarios, muy poco sentimentales y nada artísticos o imaginativos, la familia de Julia por parte de madre, los Pattle, era una estirpe en la que predominaban las mujeres y la belleza, las vinculaciones artísticas y aristocráticas, la sociedad, el romanticismo y la extravagancia.

En este contexto familiar, complicado e incierto, es en el que nace Vanessa el 30 de mayo de 1879. Ella fue la primera hija del matrimonio. Poco más de un año después, el 8 de septiembre de 1880 nace Thoby, que pasó a hacer compañía a Vanessa en el cuarto de los niños, situado en el último piso de la casa. Con aquella pareja de hijos, Leslie y Julia esperaban haber terminado con la familia, pero teniendo Vanessa dos años y medio y Thoby uno menos, el 25 de enero de 1882, nació Virginia y al año siguiente el benjamín de la casa y preferido de su Madre, Adrian. 

Vanessa, Thoby, Virginia y Adrian

Aquella pareja de cierta edad, devastada por la viudedad y unida bajo el anhelo de encontrar algo de ilusión con su nueva vida, se encontró en muy poco tiempo con una joven familia de ocho hijos. 

La convivencia entre los hermanos no siempre fue fácil. Julia tuvo que hacer un trabajo adicional de mediación entre grupos de hermanos con necesidades y personalidades radicalmente opuestas. Angelica Garnet, otra de las hijas de Vanessa Bell, definió a los hermanos Duckworth, George y Gerald, como convencionales y completamente insensibles. Son las cualidades contrarias las que, sin embargo, caracterizarían a los cuatro hermanos Stephen: Vanessa, Toby, Virginia y Adrian, quienes, confinados en la cuarta y última planta de la casa, conformaban una familia dentro de otra. Angelica se refiere también al modo en que esta configuración familiar, de cuya rareza eran todos plenamente conscientes, moldeó la personalidad de sus componentes. En concreto, se refiere a la habilidad que desarrollaron los hermanos Stephen de liberarse de las dificultades, el aburrimiento y la monotonía a través del humor.

En artículos posteriores insistiremos con algo más de profundidad en las personalidades y temperamentos que componían esta extensa y heterogénea familia y en cómo esa convivencia incidió en el carácter de las dos hermanas. Por el momento, finalizaremos este artículo destacando su condición de supervivientes y su fortuna o quizás acierto de heredar o elegir lo mejor de cada familia: fueron trabajadoras y audaces como los Stephen, pero sin sus limitaciones, porque tenían imaginación, eran creativas, sensibles al arte. Virginia era más literaria, como lo era la familia de su padre, mientras que Vanessa heredó la inclinación hacia las artes plásticas de la de su madre. Sin embargo, no fueron ninguna de las dos extravagantes, como sus tías maternas, sino más bien independientes, una cualidad que tiene más que ver con la audacia y que les permitió emanciparse de las más limitantes y empobrecedoras convenciones de su época, algo que sus supuestamente sofisticadas y extravagantes tías ni se plantearon.

De estos primeros apuntes familiares emergen, pues, dos niñas, Vanessa y Virginia, que de nuevo se unen ante un mundo, en este caso, su esfera más cercana, un tanto hostil y complejo. Ambas proceden, además, de dos corrientes familiares marcadas y opuestas de las que en un primer momento parece que consiguen también salir ilesas, o incluso fortalecidas. Sin embargo, tanto en Vanessa como en Virginia es posible advertir, desde su niñez, un cierto poso de melancolía que las acompañará siempre. Algo de él es posible que pudiera estar relacionado con esa tristeza que en ocasiones Virginia descubría -y que tanto le impresionaba- en el gesto descuidado de su madre, cuando ella creía que nadie la observaba. Esos destellos cotidianos de gravedad, fruto posiblemente de un pasado que no logró superar, no fue capaz Julia de ocultarlos, al menos, no lo consiguió con sus observadoras y sensibles hijas, Vanessa y Virginia, que la adoraban.