Fotografiar lo que se piensa, no lo que se ve
Texto de Jaime Oliveira
Quedamos en el Club Matador porque es uno de sus sitios. Está vinculado a su estética desde su apertura, desde que los fundadores le pidieron que se inventase un pasado para el Club a través de un reportaje fotográfico del antiguo piso de la calle Jorge Juan con las manchas, el papel pintado y los arañazos del parqué de la casa, poco antes de que entrasen los obreros y lo reformasen hasta llevarlo a su estado actual.
Uno de los motivos por el que creamos esta revista fue para propiciar encuentros como en el que se fraguó esta portada. Juan de Sande nos esperaba puntual (nosotros nos retrasamos un poco por problemas de aparcamiento) la tarde del viernes 11 de septiembre en uno de los sofás del bar de la segunda planta. Ya habíamos estado con él en Carabanchel, en su estudio, otra tarde de viernes hacía unos meses en la que hablamos de cultura, de arte, de cine… y también por encima de su obra y de su modo de entender la fotografía. “Lo que me interesa es la fotografía en sí misma”. Digo por encima porque creo que en esa primera cita no conseguimos atravesar esa capa, ese filtro de entrada a través del que Juan de Sande entiende su trabajo.
Hablamos de sus inicios de joven en la pintura, de sus trabajos en product placement, en publicidad, de una corta pero estelar carrera como productor de anuncios de teletienda (que da para artículo aparte o hasta para película dirigida por un pseudo Woody Allen enamorado de Aquí no hay quien viva). Hablamos de todo un poco, pero fuimos a la charla con muchas preguntas entorno a su visión de su trabajo artístico, de su método (o su carencia de él) y sobre su concepción casi abstracta de la fotografía, destilada hasta la máxima de que su interés radique en “la fotografía en sí misma, como medio, explorar sus límites, sus posibilidades”.
La obra de Juan se enmarca en un estilo reconocible como propio dentro de una absoluta excentricidad de obras y temas, que abarcan desde el retrato o el paisaje en blanco y negro a imágenes aparentemente abstractas, redes de luz, destellos, líneas de luz sobre negro o aparentes gasas deshilachadas en las que cada hilo es de un color. Sin embargo, siempre siguen temas clásicos; en palabras de De Sande, por sobrio y hasta aburrido, y porque no le hace falta más; no se sale nunca de los temas clásicos. Sus temas son las series, el equilibrio, la luz o la arquitectura (desde el punto de vista elemental, del espacio vacío o del dibujo técnico), y sobre todo la técnica. Asume la fotografía como una técnica pictórica, como una mera herramienta, coincidiendo que sus aperos de pintor son los de un fotógrafo: cámaras, objetivos, trípodes, luces y muchas, muchas horas de edición y postproducción digital.
Para seguir deshilvanando este proceso, seguir con la autopsia de su frase lapidaria sobre el interés por la fotografía en sí y cómo de esto se puede haber construido un estilo, quizá sirva saber que De Sande confiesa tardar meses, incluso años en resolver una idea para una obra o serie. Un día, trabajando, paseando, comiendo, como le pasa al novelista, al pintor, al cineasta, a Juan de Sande, fotógrafo, se le ocurre una idea. La mayoría de veces no es una idea estética, y no deriva de ver el mundo con ojos de fotógrafo, buscando el ángulo perfecto, el disparo oportuno en el momento preciso. Suele ser una idea técnica. Y suelen ser imposibles. ¿Se podrá fotografiar el desequilibrio? ¿Cómo podría pintar en el sensor de la cámara si mantengo el obturador abierto el máximo de tiempo posible? ¿Qué cambiará en cada descarga de vapor de la chimenea de un alto horno a lo largo del día, con los cambios de luz y viento? ¿Y si fotografío un tema simple, un armario por decir algo, hasta agotar sus posibilidades? ¿Cómo puedo superponer planos traslúcidos en un escáner moviendo uno de los dos pero dejando siempre fijo el otro?
Estas ideas, fijaciones al fin y al cabo, no tienen traducción en Juan al plano de lo estético hasta que no las resuelve y las prueba. Fotografía lo que piensa, no lo que ve. Si se pueden resolver, que no siempre es el caso, el proceso de exploración de la técnica de desarrollo de la pieza es tal que todas sus fotos que acaban por tener buen resultado desencadenan en una serie: una vez se logra, sigue aplicando la fórmula.
De estos retos surgen imágenes y series como “2.040 segundos”, creada proyectando franjas luz durante 2040 segundos, el límite técnico que permite la cámara, de los colores cian, magenta, amarillo, rojo, azul y verde. El resultado es una serie de composiciones abstractas, que se expusieron en Tiempos Modernos la pasada primavera. Una de las fotografías de la serie fue además usada como cartel de la Fiesta de Primavera de 2026 del Club Matador.
De los proyectos con Matador destacamos también una serie de 489 fotografías que representan todas la combinaciones posibles de uno de los armarios en una de las salas, tomadas en ese primer proyecto de fotografiar el apartamento que luego fue el Club. Según cuenta el fotógrafo, tuvo que esperar entre nube y nube en una mañana de primavera para, a lo largo de cuatro horas, poder hacer fotos de todas las combinaciones que necesitaba con la misma luz. Una vez llevó las fotos a su estudio, tardó más de año y medio en editarlas hasta tener, a través de fotomontajes, todas las combinaciones posibles, hasta agotar las posibilidades de la idea.
Trabaja también en series más tradicionales, insistiendo en un mismo motivo, estética o encuadre, como en la serie Inventario o buscando motivos clásicos como el paisaje, los cambios de luz a lo largo del día o de los días…
Otro de los temas clásicos con los que lleva años trabajando es el de la arquitectura y la perspectiva, a través de una serie continuada desde 2010, Punto de vista imposible, en la que a través de la composición en postproducción consigue desarrollar alzadas de edificios hasta dar con imágenes reales, pues son imágenes fidedignas de los edificios sujetos de esa fotografía, pero, sin embargo, imposibles, por el ángulo y la escala que llegan a abarcar.
Igual que en la serie 2040 segundos, en la serie que hemos usado de portada nunca existió el objeto fotografiado. El fotógrafo se interesó en este trabajo por investigar sobre el tema del equilibrio y desequilibrio, de nuevo, un tema clásico desde Mirón y su discóbolo. La idea detrás del proyecto fue precisamente fotografiar el desequilibrio, y lo consigue mediante técnica de edición; fotografiando cada pieza de madera por separado, las diferentes posibilidades de sombras que cada fragmento podría producir, y juntando luego todo en el ordenador hasta conseguir una imagen coherente de un desequilibrio incoherente, solo posible en la obra artística.
Hablamos también de los proyectos actuales que tiene entre manos, de problemas técnicos que lleva tiempo barruntando sin conseguir resolver, sin conseguir que resulten aún en una fotografía o una serie de imágenes, del mundo de las galerías y exposiciones y de muchas más cosas que quizá darán para otro texto en algún momento, pues si algo nos quedó claro es que De Sande es un fotógrafo especial con un acercamiento a la fotografía como medio totalmente distinta de la habitual, enmarcada en los grandes temas de la historia del arte y al que, sin duda, seguir la pista.
