Introducción a Introducción a la filosofía

El título del libro, Introducción a la filosofía, anticipa en dos palabras su contenido. 

Se presenta como una introducción porque se ha impuesto la tarea de introducir al lector en un concepto fundamental, llevándolo por un camino directo, sencillo y breve a la clara contemplación de su esencia. Quiere ser exacto, no sistemático; sintético, no exhaustivo ni tampoco dejar exhausto. Cansar al lector con una exposición erudita, árida, escolar e intercalada de rodeos que se desvían del tema sin dotarlo de mayor profundidad, sería como desmentir por vía de hecho la teoría que este libro sostiene.

El concepto introducido es la filosofía. Con frecuencia se pregunta para qué sirve hoy, lo cual denota escepticismo sobre su actualidad y sólo tiene sentido cuando, como ocurre con frecuencia, se entienden por filosofía las doctrinas abstractas expuestas en los libros. De aceptarse esta identificación entre filosofía y libro, y teniendo en cuenta la mayoría de los que hoy se publican, es muy comprensible que se susciten dudas persistentes sobre su función en el presente estado de la cultura, escenario de tantas y tan convulsas transformaciones. Esta identificación, sin embargo, es precipitada y debe revisarse. 

En cualquier circunstancia de la vida, lo primero es ver qué hay en el lugar donde uno se encuentra para luego decidir qué hacer. Así, si planeo visitar París, me procuro un mapa de la ciudad y después programo con cuidado mi agenda para aprovechar al máximo el tiempo de mi limitada estancia en la capital extranjera. Lo mismo ocurre con la filosofía si se sustituye París por la realidad en general. Lo primero en filosofía es definir qué hay en el mundo, operación de rastreo que corresponde a la ontología, encargada de definir el ser; y más tarde determinar qué hacer con lo que hay, acción de la que se ocupa la pragmática, que enuncia un ideal

A la luz de estos dos procesos típicos de adaptación al medio, de los que la filosofía con su ontología y su pragmatismo representa una variedad más, hay que admitir que los libros de filosofía que hoy se escriben se hallan en grave falta. Se echa de menos en ellos una ontología, es decir, el estudio de la estructura que subyace a la realidad y la hace inteligible. En lugar de indagar el ser, el tema principal de su reflexión filosófica es la analítica del poder y el señalamiento de sus máscaras (de ahí tantos desenmascaramientos: genealogías, arqueologías y deconstrucciones y, por el lado marxista, variaciones de la crítica de las ideologías). Los libros tampoco suelen proponer una pragmática: describen los hechos realmente sucedidos en vez de prescribir una acción, con lo que desertan abiertamente del deber de enunciar un ideal, salvo el vago anhelo de emanciparse de la opresión de los poderosos. Aunque rebozados en categorías filosóficas, en su inmensa mayoría hoy los libros de filosofía son libros de sociología, con la consecuencia de que la tarea de la filosofía queda sin hacer y es ocupada por otras disciplinas o formas culturales no filosóficas. 

Se aleja todo atisbo de crisis de la filosofía si se impugna su mencionada identificación con el libro. Esta Introducción argüirá repetidamente que quien tiene por antonomasia la condición de filósofo es el lector de este libro, no su autor. Y tiene esa condición por una propiedad intrínseca a la naturaleza humana, independientemente de que lea este libro o cualquier otro. La filosofía está primeramente en la interpretación del mundo formada de modo natural en la conciencia de la gente. No vemos el mundo como objetivamente es, sino bajo el velo de una interpretación. Vida humana es vida velada o interpretada y esa inicial interpretación de lo que hay es ya filosófica. 

Bajar del trono al libro, un dispositivo reservado a esa insignificante minoría de escritores, y colocar en su lugar la interpretación de la gente, caracterizada por su universalidad, acarrea consecuencias trascendentales para el concepto de filosofía. Consumada la sucesión, resulta que lo que merece ser calificado de filosofía primera es esa interpretación natural de la gente, mientras que al resto de los modos conceptuales —ya sea el discurso oral del orador, ya el escrito del autor— le corresponde el nombre de filosofía segunda.

Se llama segunda a esta filosofía porque en el orden temporal viene después de la primera, pero sobre todo porque la interpretación natural —la versión inmediata y espontánea que cada uno se forma del mundo— se declara soberana, origen de los discursos orales y escritos, fin que los corona, última razón de ser. El mejor discurso oral es el que habla convincentemente a la interpretación natural y la modela con palabras eficaces; el mejor libro de filosofía es el que imita las técnicas de comunicación del discurso oral para imprimir idéntico efecto educativo sobre la conciencia del lector. Muchos de los libros de filosofía que ahora se escriben, al ignorar la soberanía de la gente, no son idóneos para dejar esa impronta. Esta Introducción razonará por qué los libros de filosofía dotados de una capacidad transformadora como la descrita son, siempre han sido y siempre serán los literarios y mundanos. 

Lo anterior ayuda a comprender el índice de esta Introducción. Se ordena en cuatro capítulos dedicados, sucesivamente, a la interpretación natural (capítulo 1), la oralidad (capítulo 2) y el libro (capítulos 3 y 4). Esta clara estructura de las materias se combina con una exposición marcadamente circular, cuyo centro —el concepto de filosofía— se repite en cada uno de los capítulos sin incurrir, sin embargo, en vana reiteración, porque en cada nuevo giro del discurso éste amplía su circunferencia hasta producir en el último un efecto de unidad y cierre. 

Dada la brevedad del libro, congruente con su concepto mundano de filosofía, ha parecido oportuno complementarlo con el estudio de tres figuras —el profesional, el ciudadano y el librepensador— que dan realce a la argumentación abstracta de sus cuatro capítulos con ejemplos sensibles y reconocibles. En origen fueron dos conferencias independientes, lo que explica la referencia en ambas a los fundamentos culturales de los periodos premoderno y moderno. La primera, “Profesionales y ciudadanos”, se pronunció en Valencia el 15 de junio de 2023 durante la clausura del XXXII Seminario de la Fundación Étnor; la otra, “El librepensador”, en Madrid el 25 de noviembre de 2025 con motivo del X aniversario de la fundación del diario digital El Español y el XXV de la Universidad Camilo José Cela.