Faro Santander, la Colección Gelman y el nuevo poder de las surrealistas mexicanas
María Ventosa
Frida Kahlo. La novia que se espanta de ver la herida abierta, 1943. Colección Gelman Santander.
La Colección Gelman Santander es uno de los grandes conjuntos privados de arte mexicano del siglo XX. Reunida por Jacques y Natasha Gelman entre 1941 y 1998, está formada por 160 obras y reúne a algunos de los nombres fundamentales de la modernidad mexicana: Frida Kahlo, Diego Rivera, Rufino Tamayo, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, María Izquierdo, Gunther Gerzso, Carlos Mérida o Francisco Toledo, entre otros.
Su núcleo más reconocible es, sin duda, Frida Kahlo. El fondo conserva un conjunto excepcional de 18 obras de la artista, entre pinturas, dibujos y un grabado. Entre ellas se encuentran piezas como Diego en mi pensamiento, Autorretrato con collar y Autorretrato con monos, obras que condensan algunas de las claves de su lenguaje: el autorretrato como construcción simbólica, la identidad mexicana, el cuerpo, el dolor, la intimidad y la transformación de la biografía en imagen.
La llegada de esta colección a España será uno de los grandes acontecimientos culturales de Faro Santander, el nuevo espacio de Fundación Banco Santander en el histórico Edificio Pereda. Su apertura, inicialmente prevista para junio, se ha retrasado a septiembre por la ampliación de la exposición de la Colección Gelman Santander en México, solicitada por el Gobierno mexicano antes de su viaje a España. Para Faro Santander, comenzar con esta colección no es una decisión menor: implica inaugurar el centro con un relato internacional, reconocible y culturalmente sensible, capaz de situarlo desde el principio dentro de una conversación artística de primer nivel.
Ese protagonismo, sin embargo, llega acompañado de una controversia importante. En México, la salida temporal del conjunto Gelman ha generado debate entre artistas, historiadores, curadores y profesionales del sector cultural. Las críticas han señalado la falta de transparencia del acuerdo, el papel de las instituciones públicas y el hecho de que un fondo tan vinculado al patrimonio artístico mexicano vaya a exhibirse fuera del país durante un periodo prolongado. En respuesta a esas dudas, Fundación Banco Santander confirmó a El País en abril de 2026 que las obras regresarán a México en 2028. Además, en una aclaración difundida junto al INBAL, la Fundación señaló que el convenio no implica un cambio de propiedad ni una salida definitiva del país.
Precisamente por eso, Faro Santander tiene una oportunidad muy valiosa: mostrar una de las grandes colecciones de arte mexicano moderno y explicar el viaje que la ha traído hasta aquí. La Colección Gelman habla de Frida Kahlo y Diego Rivera, pero también de coleccionismo privado, de circulación internacional del arte y de la relación cultural entre México, Europa y Estados Unidos. En ese contexto, obras como Diego en mi pensamiento, Autorretrato con collar o Autorretrato con monos permiten leer a Kahlo más allá del icono: como una artista capaz de convertir identidad, cuerpo, nación e intimidad en un lenguaje propio. La cuestión no será solo qué obras se expongan, sino cómo se cuente su historia.
Ese enfoque resulta especialmente oportuno en un momento en el que las mujeres vinculadas al surrealismo y a la modernidad latinoamericana están viviendo una relectura crítica y comercial muy visible. Durante buena parte del siglo XX, el movimiento fue contado sobre todo a través de sus grandes nombres masculinos, mientras muchas creadoras quedaron en un lugar secundario dentro del relato: como musas, parejas, figuras excéntricas o excepciones aisladas. Casos como el de Frida Kahlo, a menudo leída durante décadas en relación con Diego Rivera, o el de Leonora Carrington, vinculada en los relatos tradicionales a Max Ernst, muestran hasta qué punto sus obras quedaron condicionadas por biografías ajenas.
Esa lectura ha empezado a cambiar gracias al trabajo de museos, curadores e investigadores, que en los últimos años han revisado el lugar de artistas como Kahlo, Remedios Varo, Carrington, Dorothea Tanning o Leonor Fini dentro de la historia del arte. En este proceso, las exposiciones han desempeñado un papel clave: han contribuido a reescribir el relato histórico, han dado mayor visibilidad institucional a estas artistas y han despertado un creciente interés entre coleccionistas. Muestras como In Wonderland: The Surrealist Adventures of Women Artists in Mexico and the United States en LACMA, Surrealism Beyond Borders en el Met y la Tate, o Remedios Varo: Science Fictions en el Art Institute of Chicago han ayudado a situarlas en una genealogía más amplia y menos dependiente de las figuras masculinas del movimiento.
A esa revisión histórica se suma la fuerza contemporánea de sus obras. Su manera de abordar la identidad, el cuerpo, la vida doméstica, el deseo, el inconsciente o la autonomía creativa conecta de forma muy directa con preocupaciones actuales. Lo que antes pudo leerse como marginal o excéntrico aparece hoy como una forma sofisticada de construir subjetividad y de mirar la realidad desde otro lugar. Por eso, Frida Kahlo, Remedios Varo, Leonora Carrington, Dorothea Tanning o Leonor Fini ya no aparecen únicamente como excepciones dentro de una historia escrita por otros, sino como autoras centrales de un lenguaje visual propio.
El mercado ha confirmado esta revalorización de forma contundente. En noviembre de 2025, El sueño (La cama) de Frida Kahlo se vendió en Sotheby’s por 54,7 millones de dólares, convirtiéndose en la obra más cara jamás vendida en subasta por una artista y estableciendo también un nuevo récord para el arte latinoamericano. La venta, más allá de ser un récord individual, fue una señal de hasta qué punto el mercado está dispuesto a reconocer, al más alto nivel, a mujeres artistas que durante años ocuparon una posición ambigua entre el mito, la biografía y la historia del arte.
La llegada de la Colección Gelman Santander sitúa a Faro Santander en un punto de partida difícil de superar: abrir de la mano de uno de los conjuntos de arte latinoamericano más importantes del siglo XX. Lo hará, además, en un momento especialmente favorable para leer estas obras desde una nueva perspectiva, con las mujeres vinculadas al surrealismo y a la modernidad mexicana ocupando un lugar cada vez más visible en el mercado y en las instituciones. Al mismo tiempo, será interesante ver cómo se recibe esta presentación en España teniendo en cuenta las controversias que ha generado en México el traslado temporal de un patrimonio cultural tan relevante. Ahí estará, probablemente, una de las claves de la exposición: no solo en las obras que se muestren, sino en cómo Faro Santander decida contarlas.
Frida Kahlo. La novia que se espanta de ver la herida abierta, 1943. Colección Gelman Santander.
