Estreno de Carmen en el Teatro Real

Anoche, una delegación de La Tenada que somos Amigos Jóvenes del Teatro Real asistimos, rodeados de lo más granado de la alta sociedad madrileña, al estreno de Carmen, de Bizet. Es habitual que una de las grandes óperas de la temporada abarque todas las navidades, y este año la programación ha apostado por Carmen, una de las más reconocidas y reconocibles de todos los tiempos. Estará en escenarios hasta el cuatro de enero.

Carmen es una cigarrera sevillana que se junta con malas influencias, enamora a un guardia civil, Don José, que deserta tras ella y, juntos se vuelven bandoleros. Sin embargo, Carmen es la mujer libre por excelencia, la gran femme fatale de la ópera. Don José vuelve a casa a visitar a su madre enferma. Carmen deja a Don José tirado para irse con un torero, Escamillo. Finalmente, a su vuelta, preso de celos, Don José mata a Carmen.

La interpretación de los cantantes, la orquesta, el coro del Real y el coro de niños, en muchos momentos al completo en el escenario, fue genial, lo que se espera en el Real. 

La puesta en escena es quizá siempre la gran incertidumbre antes de los estrenos, y he de decir que, aunque fue levemente abucheada por los más clásicos, nos pareció genial. Ambientada entre un puesto de policía local en cualquier plaza de la España de los 70s, una discoteca de lo más hortera, casetas de bandoleros y una sastrería taurina, tenía momentos en los que la combinación entre música, letra y escena eran simplemente tronchantes: la entrada de Escamillo, el torero, vestido con un look que podría llevar Morante de la Puebla cualquier domingo, en traje mostaza satinado y camisa azul de seda, discotequeras pintadas como puertas y en tops de lentejuelas y botas altas de serpiente perreando al son de la Chanson bohème del segundo acto, un compinche traficante imagen especular de Santiago Segura,  peleas airadas en la puerta de la discoteca, niños arrancando los alamares al torero…

Quizá, si se iba buscando a la Carmen orientalizada, gitanilla sevillana del diecinueve, entiendo que haya detalles de la producción que se puedan ver como desubicados o de mal gusto, pero la ironía de la inmersión en lo hortera es tan evidente que no puedo sino apoyar la decisión.

Carmen es la obra perfecta para ir por primera vez o reencontrarse con la ópera, y desde aquí recomendamos encarecidamente no perderse esta producción. Merece mucho la pena ser Amigo Joven del Teatro Real o buscar entradas de última hora. Eso sí, dos favores muy importantes: i.) se aplaude al final de cada acto, cuando baje el telón y se apaguen las luces, y no entre arias; ii.) se mira mal al que, a tu alrededor, aplauda entre arias.