El barón rampante: En busca de la libertad
Paloma Carrión Albert
En 1975, Italo Calvino, publicó El barón rampante. La novela, ambientada en la Italia del siglo XVIII y por cuyas páginas se asoman algunos personajes de la época, como Voltaire o Napoleón Bonaparte (pues utiliza como telón de fondo la Revolución Francesa y las guerras Napoleónicas), le sirvió al autor para ahondar en su convicción de que la confianza en uno mismo es el motor para alcanzar una libertad e individualidad plenas.
El barón rampante se desarrolla en Ombrosa, pueblo ficticio situado en la antigua República de Génova. La historia comienza con el arrebato por parte de su protagonista, Cosimo Piovasco, quien en una comida familiar se niega a probar la sopa de caracoles preparada por su hermana Battista. Frente a tal oposición, el padre de Cosimo le amenaza con encerrarlo en una habitación si no se termina el plato. A raíz de esta disputa familiar, que no fue la única, pues estuvo precedida de una serie de regañinas, de porfías, de castigos, de antojos, Cosimo, harto de todo aquello, decide trepar a los árboles del jardín y se promete a sí mismo no volver a pisar el suelo nunca más.
Como el ligero aleteo de un ave, Cosimo se desliza de rama en rama, observando lo que los demás, por estar en el suelo, no eran capaces siquiera de imaginar: con la manía de disfrutar a fondo de aquel diverso verde y de la diversa luz que se traslucía de él y del diverso silencio, se ponía cabeza abajo y el jardín invertido se convertía en selva, una selva no de esta tierra, un mundo nuevo. Desde las alturas, ordena a su hermano pequeño, narrador de la historia, que le proporcione víveres para alimentarse, una polea y una cuerda para salvar las ramas más alejadas, y una manta con la que calentarse en las noches frías. Así fue como se adaptó a ese espacio situado entre el cielo y la tierra que terminó por hacerlo suyo; y así fue también como encontró, cumpliendo con su palabra de alejarse eternamente de la tierra firme, la forma de rebelarse frente a su padre, de pensar a contracorriente, de defender su libertad.
La decisión de vivir en la copa de los árboles, en soledad, a la intemperie y en un hábitat inusual para los seres humanos, es el precio que Cosimo paga a fin de evitar doblegarse continuamente a la voluntad paternal. Pero el aislamiento de lo terrenal, que inevitablemente experimenta, no le impide relacionarse con los de su misma especie; por el contrario, esa renuncia es la que le permite entablar amistades que, de haberse hallado bajo el techo familiar, su padre no hubiera tolerado jamás. Un ejemplo de ello es el bandido Gian Dei Brughi, temido por todos los pueblos de alrededor. Cosimo ve más allá de su cuestionable condición, le transmite su pasión por la literatura y lo que comienza como un simple intercambio de libros, termina convirtiéndose en el fruto de una bonita amistad entre bandido y barón.
El barón rampante es un recordatorio de que la libertad va más allá de la posibilidad de elegir entre el abanico de opciones que va abriéndose ante nuestros pasos, y que, en numerosas ocasiones pareciera no tener fin. Por el contrario, Italo Calvino deja patente a través de Cosimo que la libertad lleva implícita la renuncia de los caminos no escogidos, así como la responsabilidad de seguir avanzando pese a las dificultades por aquella senda que un día se eligió. De este modo, aunque la novela fue escrita en el siglo pasado, el lector contemporáneo podrá encontrar en ella luces que guíen sus pasos; especialmente en un momento como el actual, inmersos en una sociedad que se proclama libre, pero que, por otro lado, vive atrapada entre gratificaciones instantáneas, universos digitales y algoritmos. Al terminar de leer la novela, con el libró aún entre mis manos, resonaron en mí las siguientes preguntas: ¿Qué es aquello que le hace a uno ser verdaderamente libre? ¿Qué cosas estaría dispuesta a sacrificar para alcanzar esa anhelada y soñada libertad?
