El lujo de ser un outsider
José Ramón Castelló
Texto de Jaime Oliveira
Esta revista nació con el espíritu de tener una plataforma para la gente “como nosotros”. Personas que nos ganamos la vida fuera del mundo de la literatura, el arte, el cine pero que siempre que podemos priorizamos precisamente esas aficiones culturales como parte de un espacio personal. El arte por el arte, sin buscar más rédito que el de aprender o crear.
La figura de José Ramón Castelló es uno de los ejemplos de llevar este anhelo de La Tenada hasta el extremo de la excelencia en ambas, profesión y afición. José Ramón, el Doctor Castelló, es médico especializado en cirugía plástica, reparadora y estética, y a la vez tiene una prolífica carrera como fotógrafo de naturaleza y naturalista en general. Las fotografías de esta pieza hablan por sí solas, una selección fruto de años de buceo en busca de megafauna marina, pero su obra incluye fotografía terrestre y marina en todos los continentes (ha vuelto hace poco de la Antártida, “el que quedaba”) y, además, es autor de varias guías de campo para las editoriales más prestigiosas de estos libros, como Princeton University Press, Omega o Lynx: las guías de cánidos, félidos o bóvidos del mundo. Su última publicación es una guía de chinches pentatomorfas de la península Ibérica.
Hablando con él, parece todo muy lógico, una vía de escape, una afición muy cercana a la medicina desde tiempos de Linneo, Humboldt o Mutis. Pero la dedicación y la afición de José Ramón es todo menos normal, es extraordinaria. Opina que a todo el mundo le cautiva la naturaleza, que todo el mundo es un naturalista en potencia de niño, todos somos un pequeño Gerald Durrell persiguiendo lagartijas, pero que poco a poco nos van extirpando aludiendo al miedo, al frío, al peligro ese interés genuino hasta que solo unos pocos afortunados consiguen llegar a vivir su vida adulta manteniendo espíritu infantil que les permite seguir interesados por la naturaleza. Por supuesto, Félix Rodríguez de la Fuente, Jacques Cousteau y la Guía del naturalista del propio Durrell ejercieron también su influencia.
Empezó en el mundo de la fotografía con aves, mamíferos y macrofotografía ibérica desde hides, escondites desde los que sorprender a tu víctima, necesarios en un país de animales huidizos, acostumbrados a lanzas y flechas desde Atapuerca. De ahí, unos años después, pasó a la fotografía submarina intentando ir más allá, fotografiar lo que aún no conocía.
Sus hijos cuentan, a sus espaldas, entre el orgullo y la vergüenza por vivir víctimas de la excentricidad, que su padre lleva todo el fin de semana encaramado tras un arbusto en Sierra Morena esperando que pase un lince por el puesto, que esta vez su padre está en Gambia, en Tonga o en Senegal, que se lleva a toda la familia de vacaciones a Madagascar a ver lémures o que, ahí donde va o incluso en cuanto tiene una tarde libre en Madrid, se dedica a poner trampas de luz, sábanas iluminadas por linternas para atraer polillas, chinches, escarabajos, crisopas…
La serie de fotografías que ha recopilado para la revista son una selección retrospectiva de megafauna marina. Jardines de la Reina en Cuba, Revillagigedo en México, la isla de Eua en Tonga, Maldivas, Isla Mauricio… cada especie tiene sus trucos, su aventura, y cada fotografía es una pequeña victoria, pues normalmente tienes pocas oportunidades de ver a los animales durante el viaje, y además tienes que tener buenas condiciones de visibilidad, turbidez, hay que intentar que no te persiga la policía local… Las fotos, aunque por supuesto tienen valor artístico, son, en palabras de su autor, más fruto de un instante en el momento y lugar adecuados, son fotos que empiezan en el aeropuerto de Barajas, aunque el disparo haya sido tomado en aguas de Isla Mauricio rodeado de cachalotes.
A día de hoy se confiesa afortunado, no solo por haber podido tener la oportunidad de viajar, ver y fotografiar paisajes y fenómenos naturales insólitos en los lugares más recónditos del planeta, sitios a los que solo el viajero naturalista llega. También reflexiona sobre la suerte de ser un outsider, un intruso, un naturalista en un mundo de académicos. Una especie en extinción, pasada de moda, en un mundo de zoólogos hiper especializados. Está convencido de que si fuera biólogo académico no podría tener intereses tan dispersos, nadie en el contexto académico tiene el lujo de saltar de redactar guías de campo de antílopes y cabras a félidos a chinches a cánidos, cérvidos, insectos de españa, y las que estén por venir.
Entre las virtudes de la naturaleza está la de ser infinita. Uno de los temas que tratamos fue el de próximos retos: destinos o especies pendientes. Centrándose en fotografía submarina, admitió haber cumplido hace pocos meses el sueño de conocer la Antártida, y a pesar de que vió la mayor densidad de cetáceos de su vida, la erosión del suelo arrastrada al mar por los glaciares y la cantidad de nutrientes del agua hicieron que la fotografía submarina terminase pasando a un segundo plano en ese viaje. Después de Antártida, tiene muchos destinos en el tintero, destacando el sardine run de Ciudad del Cabo, en el que se concentran bancos de sardinas formando pelotas que son atacados desde el aire por cormoranes, alcatraces y pingüinos y desde el agua por atunes, delfines, orcas, tiburones de varios tipos y hasta grandes ballenas y rorcuales. También destaca destinos como Argentina en busca de ballenas australes, la belugas de Churchill, en Canadá, o las sepias gigantes, los caballitos foliáceos y los rorcuales Minke en Australia.
José Ramón viene a la revista sin haberlo buscado y le ponemos de ejemplo andante de que la verdadera profesionalidad no está en los títulos académicos, ni siquiera en la profesionalización de tus intereses, sino en la capacidad de mantener los ojos limpios, el asombro intacto y seguir insistiendo en aquello que a cada uno le interesa. ¡Que cada uno se regocije en su tenada!
