Julia Pérez de Castro y sus Micromundos

Obras de Julia Pérez de Castro

Textos de Lola Pérez de Castro

Fotografías de María Cabello, con edición de Lucia Thapar

En diciembre de 2025, por primera vez, Julia Pérez de Castro nos invitó a contemplar su intimidad desde la vulnerabilidad que implica desnudarse ante la mirada ajena. La presentación de su exposición de Micromundos en el emblemático Bar Cock de Madrid fue un éxito rotundo, con un sold-out de las obras en la primera hora de apertura al público. 

La trayectoria de Julia ha sido siempre de formación constante. Durante años dibujó para sí misma, en pequeños formatos, como un ejercicio íntimo y casi diario, ajeno a cualquier intención expositiva. Se graduó en Diseño de Interiores en IADE y posteriormente se especializó en Paisajismo en la Escuela de Paisajismo Castillo de Batres, una formación que consolidó su vínculo con la naturaleza como lenguaje creativo. 

Actualmente trabaja y colabora con reconocidos estudios de diseño y paisajismo en Madrid, al tiempo que desarrolla proyectos propios de murales, jardines y diseño de manera independiente, combinando rigor técnico y una mirada profundamente personal. 

En sus acuarelas, la naturaleza se convierte en un espacio interior, casi secreto, donde lo pequeño adquiere una escala inmensa. Julia nos devuelve a ese lugar de infancia, donde mirar una flor era inventar un universo. Hay algo profundamente humano en esa manera de observar: una mirada que no busca dominar lo que ve, sino comprenderlo. 

Lo que siento cuando estoy pintando acuarelas es como si me absorbiera este mundo de plantas. Todo a mi alrededor desaparece, es como entrar en una especie de trance donde el tiempo no existe.” Ese estado de suspensión, entre la concentración y el abandono, atraviesa toda su obra. Dibujar se convierte en una forma de desaparecer y a la vez de encontrarse, de ordenar el mundo exterior para entender el propio.

Sus obras hablan también de la dualidad que nos compone: la luz y la sombra, el caos y el equilibrio, el orden y el desorden. “Gracias a la sombra soy capaz de pintar la luz”, escribe. Y en esa frase cabe toda una filosofía de vida: la belleza no es ausencia de oscuridad, sino armonía entre sus contrastes. 

Quizás lo que nos recuerda, desde el silencio y la transparencia de sus trazos, es que el arte, como la vida, no consiste en eliminar la sombra, sino en aprender a colocarla exactamente en su sitio.

Y en ese trance entre la observación y la creación, Julia nos invita a perdernos en sus detalles, a contemplarlos y a admirar ese reflejo de la naturaleza en el agua, que solo se puede plasmar con una técnica impoluta.

Desde niña, Julia se sintió atraída por el detalle, por el milimétrico orden de la naturaleza, por esas miniaturas que contienen una verdad más grande que nosotros. 

Sus micromundos nos muestran que la infinidad se encuentra también hacia dentro, en lo secreto, en aquello que solo se revela cuando nos tomamos el tiempo de mirar con atención.