Terriblemente bello

Soy Carmela Liaño Arsuaga, artista madrileña nacida el 18 de junio de 2001. Soy licenciada en Bellas Artes y Diseño y, durante toda la carrera, soñé con ser pintora.

Como artista pictórica, pronto descubrí que mis obras orbitaban naturalmente alrededor de una misma inquietud. Con el tiempo, esa pregunta se convirtió en el núcleo de mi trabajo y en la esencia de mi lenguaje.

¿Qué encontramos en el alma de las personas? Toda la alegría que le cabe al mundo y toda la tristeza que le sobra.

Mis obras nacen de esa tensión contradictoria y buscan darle forma material. Represento de forma bella emociones que pueden resultar horribles, disfrazando el dolor de colores. Las imágenes cuentan de manera bonita e inofensiva aquello que nos desgarra por dentro. En ese equilibrio entre el gusto y el disgusto aparece el limbo de la inquietud, la confusión y el deseo de entender, donde conviven el rechazo y la atracción, invitando al espectador a preguntarse dónde reside realmente la belleza. Mi trabajo explora la convivencia de lo bello y lo siniestro, conceptos aparentemente extremos: cómo se comunican entre sí y dónde están sus límites y condiciones. En ese territorio ambiguo se despliegan las dimensiones de lo terriblemente bello y lo agradablemente siniestro. La estética es alegre y colorida, pero la temática es tenebrosa, dando lugar a imágenes decorativas a la par que perturbadoras. 

Mi discurso parte de la reflexión de Byung-Chul Han: “la belleza es una apariencia, un escondrijo. Por ello es necesario que tenga un carácter oculto, que haga uso de un velo o una sombra opaca, creando así su esencia indesvelable”, y de la idea de Walter Benjamin: “lo semioculto es atractivo y seductor; el objeto necesita un envoltorio, un encubrimiento, puesto que lo bello debe ser intuido como secreto”. Sin embargo, en estos lienzos no se usa un velo para añadir misterio a lo bello, sino lo contrario: se utiliza lo bello como velo para hacer soportable lo perturbador. Esta misma línea de pensamiento recoge Rainer María Rilke con la frase “lo bello es el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar”. Desde su punto de vista, la negatividad es la matriz y capa profunda de la belleza: lo insoportable hecho soportable.

Rostros y cuerpos desproporcionados y descompuestos habitan mis obras, introduciendo al espectador en una atmósfera de confusión donde la alegría de los colores se contrapone con el dolor inquietante de los retratados. Si tomamos el pensamiento de Kant de “El ideal de lo bello es la expresión visible de ideas morales que gobiernan interiormente al hombre”, al contemplar estos lienzos se lanza una pregunta al espectador: ¿qué clase de ideas horrendas gobiernan a estos seres?

El filósofo Edmund Burke señalaba que el horror puede, en determinadas condiciones, producir placer estético: si el peligro no es real ni inmediato, lo terrible deja de ser destructivo y puede incluso resultar placentero, siendo capaz de deleitar a través de un horror que contenta. Mi arte aspira a producir esta paradoja, ya que a pesar de la incomodidad del lienzo, la selección cromática busca transmitir tranquilidad y silencio. Quiere serenar al espectador inquieto. Se siente juzgado, espantado o asqueado, pero no hay violencia en la acción, por lo que no será dañado. Hay calma en la tensión, atracción en lo putrefacto, armonía en lo deforme.

Durante años trabajé principalmente en pintura. Sin embargo, cuando llegaba el momento de vender mis cuadros, era demasiado egoísta como para desprenderme de ellos. Son parte de mí, únicos e irrepetibles, y dejarlos ir me resulta imposible.

Fue en 2023 cuando decidí explorar un nuevo medio: la joyería. Descubrí entonces una forma distinta de materializar las mismas ideas que atraviesan mis pinturas. Mis joyas habitan ese mismo territorio ambiguo entre lo estético y lo inquietante: pequeños mundos oníricos, extravagantes y ligeramente siniestros.

A través de la joyería encuentro una nueva manera de compartirme con el mundo: cada pieza, firmada a mano como si de un lienzo se tratase, se concibe como una pequeña escultura que acompaña a quien la lleva, convirtiéndose así en arte portable.

Tras su búsqueda en diferentes técnicas y materiales, he llegado a la conclusión de que belleza está siempre presente, esperando a ser descubierta. Sin embargo, es imposible encontrar una definición exacta de qué es, dónde se encuentra y qué requisitos debe cumplir. Filósofos y artistas discrepan: para algunos está ligada a la perfección y excluye la negatividad, mientras que para otros esta resulta indispensable. La belleza, como el arte, no es definible: solo disfrutable.

Este es solo el comienzo de mi camino artístico. Me ilusiona seguir explorando y dar vida a los innumerables diseños que esperan en mi libreta roja, aún dormidos en forma de boceto, listos para convertirse en pinturas o joyas.