El boom cultural que no llega a los jóvenes: así sobreviven los artistas emergentes en España
Teresa Arsuaga
Carmela Liaño junto a una de sus últimas obras
España vive un aparente boom cultural. Los datos muestran cifras récord de visitantes en los museos, así como un aumento significativo del gasto público y el empleo en el sector.
La recuperación real del sector tras la pandemia
Desde una perspectiva y experiencia institucional, Javier Gomá, director de la Fundación Juan March, nos confirma este auge y nos ofrece una explicación del fenómeno: "ha habido una recuperación del sector cultural tras la pandemia, incluso más fuerte de lo esperado". Explica que la transformación digital previa permitió a las instituciones resistir bien el confinamiento ofreciendo contenido online. Una vez levantadas las restricciones, se produjo un efecto rebote muy potente: "la gente tenía un gran deseo de volver a la experiencia presencial".
Destaca que las instituciones culturales (como su Fundación) han visto aumentar significativamente el público físico, más allá del que ganaron durante la pandemia a través de internet.
Cifras de crecimiento concentradas en gestión y servicios
Este boom cultural ha provocado que el empleo cultural total haya pasado de 710.000 personas en 2019 a 771.000 en 2024. Sin embargo, los datos nos señalan que el número de creadores artísticos y de las artes escénicas ha crecido mucho más lentamente. El "boom" existe, pero se concentra en gestión, técnicos y servicios culturales, no tanto en la creación pura.
Gráfica 1: Crecimiento del empleo cultural por categoría (2019-2024)
Esta gráfica ilustra cómo el empleo en el sector cultural ha crecido principalmente en áreas de gestión, técnicos y servicios, mientras que el número de creadores artísticos y de las artes escénicas ha aumentado de forma más moderada.
La brecha generacional: apenas llegan jóvenes creadores
La segunda brecha aparece si miramos la edad de los creadores. Solo el 32,3 % de los creadores artísticos tiene menos de 35 años en 2024. Un porcentaje prácticamente estancado desde antes de la pandemia. El sector crece, pero los jóvenes no están ganando terreno. Esta cifra evidencia la escasa renovación generacional en el sector: el crecimiento del empleo cultural no está traduciéndose en mayores oportunidades reales para los artistas emergentes.
Gráfica 2: Distribución de edad de los creadores artísticos
Los datos revelan una baja representación de jóvenes: solo el 32,3% de los creadores tiene menos de 35 años, lo que indica una escasa renovación generacional en el sector.
La realidad de los artistas jóvenes
Carmela Liaño (24 años) es una pintora que recientemente ha incursionado en la joyería escultórica. Nos habla de su experiencia como joven artista destacando la enorme dificultad que supuso para ella el salto de la universidad al mundo laboral. Tras terminar la carrera de Diseño y Bellas Artes, pasó un año buscando trabajo mientras comenzaba a explorar la joyería. El proceso le resultó enormemente frustrante porque “no existen espacios adecuados para encontrar trabajo relacionado con el arte”. Plataformas como InfoJobs o LinkedIn no ofrecen ofertas para artistas; aunque durante la carrera tuvo facilidad para colaborar con otros artistas en trabajos no remunerados (ayudar en estudios, montar exposiciones, ser guía), estos son puntuales e inestables, pensados para estudiantes o prácticas.
Su incursión en un sector más desconocido y ajeno a ella como la joyería le supuso la dificultad añadida de tener que construir una red de contactos desde cero. Junto a este proyecto personal, trabaja actualmente en paralelo en una empresa de producción industrial de joyas. Su objetivo es que este empleo le permita ahorrar lo suficiente para dedicarse a tiempo completo a su arte.
Carmela llama la atención sobre el hecho de que producir arte cuesta mucho dinero: materiales, herramientas, envíos, promoción, alquiler de estudio. Al empezar, todo son gastos y los ingresos tardan en llegar. Esto complica la situación para muchos jóvenes artistas. La realidad es que “muchos compañeros de carrera han abandonado la práctica artística por trabajos en diseño, o la compaginan con empleos en tiendas o hostelería, ya que ser artista a tiempo completo al principio es imposible”.
La precariedad crónica de los trabajadores culturales
La tercera realidad que muestran los números es la inestabilidad laboral estructural en el sector. Casi el 40,5 % de los trabajadores culturales son autónomos. Una figura que implica cotizaciones irregulares, ausencia de vacaciones pagadas y la obligación constante de buscar otros ingresos.
[Ver gráfica interactiva en DataWrapper]
Gráfica 3: Tipo de contratación de los trabajadores culturales
Esta visualización destaca la alta proporción de trabajadores autónomos (casi el 40,5%), reflejando la inestabilidad laboral y la necesidad de múltiples fuentes de ingresos para los profesionales culturales.
La visión de un artista con trayectoria
Juan de Sande analiza la situación desde la visión de un creador con trayectoria consolidada. Este artista que ha realizado numerosas exposiciones en galerías e instituciones y cuyo trabajo forma parte de colecciones importantes nos explica que este no es un problema de ahora, que esta profesión nunca ha sido fácil. “Es muy complicado convertir esta vocación en profesión” y no sólo para los artistas emergentes. De Sande pone el foco en la dificultad no solo de nacer como creador sino de mantenerse: “mantener el interés del mercado es prácticamente imposible en España, donde no hay una estructura sólida. Un autor de media carrera no tiene asegurado vivir de su trabajo. Se depende de tendencias y caprichos de influyentes, no hay mercado consolidado. Los artistas se consumen rápidamente, sustituyéndose por novedades, y es difícil recuperar interés”.
Ocurre además el fenómeno particular en España de que en el segundo mercado (subastas) el arte español se devalúa. “Todo ello lleva a que los artistas plásticos tengan que asegurarse el sustento con otros trabajos, dedicando sólo el tiempo residual a su vocación.”
Su recomendación, dadas las circunstancias, es “no depender ni económica ni sentimentalmente del arte para evitar el desánimo, buscar otros medios de subsistencia, confiar en las propias ideas y perseverar para que la obra perdure.”
“Fuera de España, un trabajo serio suele dar frutos, pero en España no”, sentencia de Sande.
Foto: Juan de Sande en su estudio de Carabanchel en Madrid
Por qué otros países atraen a los jóvenes creadores
María López, historiadora del arte y profesora en la Universidad de Nueva York y de la UDIT, corrobora la complicada situación del arte emergente joven: "El arte joven no entra en la agenda de nadie” y con una mirada más amplia y comparativa nos habla de algo que ya apuntaba el fotógrafo Juan de Sande, el contraste de la situación de los creadores en España con el dinamismo exterior: “Ciudades como Lisboa están atrayendo el talento internacional y regiones como México o el Sudeste Asiático están viviendo una explosión creativa espectacular".
López identifica tres barreras fundamentales que estarían impidiendo el despegue de los nuevos talentos en España:
En primer lugar, la historiadora se refiere a la ausencia de una ley de mecenazgo, "una anomalía increíble tras décadas de postergación gubernamental", que sin duda tiene que ver con que España tenga un coleccionismo casi insignificante. Sin incentivos fiscales, los coleccionistas privados no contribuyen a financiar la creación emergente.
La segunda barrera es la excesiva rigidez institucional. Aunque museos y centros artísticos son los principales valedores de la creación, López advierte de que suelen favorecer expresiones artísticas que se ajustan a "criterios muy determinados", dejando fuera a un universo creativo inmenso que no encaja en esos moldes.
Por último, la experta destaca el inconveniente de la concentración nociva y excesiva del fenómeno artístico y creativo en lugares como Madrid, Barcelona, Bilbao o Sevilla. Esta geografía limitada dificulta que emerjan focos de creación en otras regiones del país.
El "boom" que no llega a todos
Los datos y los testimonios dibujan un panorama claro. España celebra el crecimiento del sector cultural, pero ese crecimiento no está llegando de forma equitativa a quienes crean. Mientras las instituciones llenan sus salas, muchos artistas jóvenes y no tan jóvenes siguen necesitando otros trabajos para poder seguir creando.
