Auto de los Reyes Magos
Javier Gomá Jr.
Los tres Reyes Magos, mosaico bizantino, c. 565, Basílica de San Apolinar el Nuevo, Rávena.
Las semanas navideñas son deliciosas. Primero, el veinticinco de diciembre, hombres y mujeres nos reunimos en familia para celebrar la común humanidad. Trece días después del nacimiento del Niño, tiene lugar la otra gran celebración litúrgica: la de la adoración de los Reyes Magos. Esta celebración reviste un gran simbolismo: no solo debemos festejar la existencia, sino además llenarla de obsequios. Aportar algo que haga del mundo un lugar mejor y hacerlo con la única pretensión de generar ilusión y alegría en el prójimo. Por ello, me parece que tiene particular encanto el hecho de que el primer texto conocido de la literatura dramática castellana sea el Auto de los Reyes Magos.
El origen y la fecha de esta obrita ha sido fuente de mucho debate entre los especialistas. El autor es anónimo, y parece convincente la conclusión a la que llega Rafael Lapesa de que se escribió en un castellano con fuertes residuos mozárabes, o en mozárabe castellanizado, pero que definitivamente posee rasgos que indican el probable origen gascón del texto.
Pero lo que me parece más divertido es el procedimiento de determinación de la fecha de composición. Y es que la razón por la que se sabe que es posterior a 1158 es porque en este año se creyó haber descubierto en un sepulcro los cuerpos de los Reyes Magos en Milán, posteriormente trasladados a Colonia. A partir de entonces, se difundieron los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar, siendo éstos los usados en el Auto. Finalmente, Menéndez Pidal, basándose en datos paleográficos, y combinándolos con un estudio de los diptongos del texto, propuso finales del siglo XII como fecha más probable de su composición.
El tema de la obra está tomado del Evangelio de San Mateo, el cual comienza cuando los Reyes llegan a Jerusalén. Ya han visto la Estrella (Mat. 2, 2), pero han dejado de verla, a juzgar por la alegría con la que ven de nuevo (Mat. 2,10). La obra se sitúa en la primera visión de la Estrella: los reyes monologan primero, y dialogan después entre sí, confirmando que lo que han visto es la señal del nacimiento del Mesías y disponiéndose a adorarle. Como explica Guillermo Díaz-Plaja, de las palabras de los Magos se deduce su condición de <<estrelleros>> (“No había esa estrella en el cielo: por eso soy buen estrellero”, dice Melchor), para los que la Estrella tiene el valor de lo insólito y, por lo tanto, de lo sobrenatural.
Una vez terminadas las escenas iniciales, continúa explicando Diaz-Plaja, la situación se ciñe al relato evangélico (Mat. 2, 2.4), ofreciéndonos la entrevista entre los Magos y Herodes, cuyos últimos versos transcriben el versículo 8 del relato evangélico:
Pues andad y buscad,
y a ese rey adorad,
y por aquí tornad…
Si lo encontráis, iré,
y yo lo adoraré.
A continuación, estalla la cólera de Herodes, en una escena que también sigue lo escrito en el relato evangélico posterior, que refiere su indignación al verse burlado por los Magos y decretando la degollación de los Inocentes (Mat. 2, 16-18). Finalmente, la obrita se interrumpe con un diálogo entre Herodes, un sabio anciano y un rabí de la corte de Herodes.
Señala Lázaro Carreter que este drama pertenece al ciclo del Ordo Stellae, escenificado en las fiestas de la Epifanía, y desde su publicación por Amador de los Ríos en 1863 tentó a los eruditos la idea de que fuera una simple adaptación española de algún drama litúrgico ultramontano. Hay varios argumentos que desmienten esa afirmación, y es Winifred Sturdevant quien señala dos elementos completamente originales del Auto español:
El hecho de que los Magos (a propuesta de Baltasar) utilicen ofrendas como recurso para conocer la personalidad del Mesías:
MELCHOR¿Cómo probar podremos si es un hombre mortal,
o si es rey de la tierra o si lo es celestial?
BALTASAR
¿Deseáis bien saber cómo esto lo sabremos?
Oro, mirra e incienso a él ofreceremos.
Si fuere de la tierra rey, el oro querrá;
Si fuese hombre mortal, la mirra tomará;
y si rey celestial, de esto se dejará;
elegirá el incienso, que digno de él será.
2. La discusión entre los escribas a consecuencia de la indignación de Herodes, que les exige estudien en sus escritos la veracidad de cuanto le han anunciado los Magos.
Sea como fuere, la obra posee un encanto innegable, y he creído conveniente, dadas las fechas, aprovechar esta sección para recordar esta obrita, en la que el anónimo autor decidió dramatizar este estupendo pasaje de adoración al Mesías, añadiéndole cierta conflictividad (el titubeante y atípico monólogo de los Reyes o la disputa ante Herodes) y poniendo la primera piedra en la literatura dramática castellana.
