Así va a ser
Una escena Rural
Ilustración: Carmela Liaño
— No. Pero vamos, ni de coña. Cuando lo dijiste ayer, pensé que era broma pero, ¿de verdad me vienes con esto? Te fuiste a los dieciocho, a la universidad, pero antes vivías aquí, ¿de verdad no te acuerdas de lo que es esto?
Ayer, en la cena, estuviste muy graciosa y, por eso, entre las uvas y el cava, pensé que era una broma, porque sabías que esta mañana iba a tener que salir. Pero hoy, que tu hermana, y Raúl y tú os habéis despertado casi que a poner la mesa, a las siete me estaba yendo yo, aprovechando la helada para poder subir por el camino sin coger barro, a las dos parcelas de donde la ermita. De verdad, ¿cómo vas a querer eso?
Si ya me despertaba pronto cuando erais pequeñas, y llegaba pasada la cena, que vuestra madre me echaba un sermón un día sí y uno no, o me iba con las cosechadoras a ayudar con la campaña de las pipas hasta Albacete, casi un mes sin volver. Y con eso, fuisteis al cole y al inglés, y no me ha ido mal, y por eso os pudisteis ir a Madrid a estudiar… con esfuerzo vuestro también, claro, pero oye, ahí estabais.
Jo, y tienes tu trabajo en el ayuntamiento. Hasta las tres y luego lo de la academia. Tienes a Raúl, a los amigos, jo, la casita en Arganda, vamos, estás ahí de lujo. Ya sé que tienes tus días de bajón, y lo del sueldo de Raúl y esas cosas de ahora que es todo una mierda, pero vamos, esto no es la solución, no puede ser.
Yo creo que te acuerdas de cuando eras pequeña, de los juegos con el montón de trigo cuando lo juntábamos en la era, de las coronas de flores que le hacíais a Mamá, de ir por el monte, a la fuente, al río. Del colegio aquí, con niños. Pero ya sabes, esto ya no es así. El colegio, cuando tengáis hijos, que tampoco me quiero meter, media hora, mañana y noche, hasta la ciudad a traerlos y llevarlos. Y el resto del tiempo aquí, solos. No entiendo. Bueno, solos los niños, y vosotros. Es que Raúl sería el único tipo con pelo y de los pocos sin bastón del pueblo, es que no puede ser.
Y claro, no vendrías como ahora, de fin de semana, o a pasar las fiestas, vendrías a trabajar; que hoy está esto muy divertido. Ponte aquí un dos de febrero. Despiértate a las cinco, acércate a la nave, ya verás el viento a esas horas, la helada tiene uñas, tu eso no lo has sentido. Abre tú la puerta del John Deere, que con el frío las gomas se pegan y no hay quien la fuerce, de verdad que en ese momento, ahí tiritando, fuera del tractor, como tonto, quieres matar a alguien. Y acércate a quitar piedras de las siembras de la cañada, que es lo que hay que hacer en febrero. Métete la paliza de desatascar las ruedas del barro dos o tres veces, que por ahí de todos lados mana agua y no veas cómo se pone, y a las cinco o seis horas, bajar el camino, a casa a comer algo y a entrar en calor, para luego volver a subir y seguir hasta la noche. Lunes o domingo, febrero o agosto, sin fiestas, ni paganas ni de guardar que valgan, que antes habíamos tres, y más o menos se repartía pero, ya desde que se jubiló Aurelio, es mucho terreno para uno solo.
Pero es que ya sabes lo que es esto, llevas viéndolo desde pequeña, ¿sabes lo que daba yo a tu edad por irme de funcionario, bajo techo, en las oficinas esas del ayuntamiento? ¡como un marqués! Y me dices que no, que quieres cambiar todo, mandar todo a la mierda en busca ¿de este viento?
Y que si alguien tendrá que ocuparse… es que no es así, no es verdad. Cuando todo esto lo labraba la generación de mi padre había muchas más hectáreas. ¿Qué pasará cuando venda el John Deere? Pues nada. Lo mismo que ya ha pasado tantas veces, que el monte recuperará lo que le quitamos, la gente perderá la pista a sus parcelas, se heredarán a cachos, dejarán de venir al pueblo y, cuando ya ni se acuerden de lo bonito que es esto, de que sus abuelos están aquí enterrados, de que esto es suyo, les ofrecerán el oro y el moro y pondrán molinazos de esos, o se quemará otra vez, como se quemó la solana en el verano del 2000… Y es que, no pasa nada. Me da pena pensar en esto así, pero es que así tiene que ser. Así va a ser.
